MI FILOSOFÍA SOBRE LA LABOR DEL DJ DE CLUB - Por DJ Zulu

"Una música bailable es una promesa de alegría"

Personalmente, considero que el trabajo de dj no es comparable a ningún otro por ser  (gracias a éste y a la inestimable labor de promotores, organizadores de eventos y demás profesionales relacionados con los clubs) una experiencia única y liberadora, capaz de ser compartida con un público entregado a través de la música. Me atrevería a decir que es una sensación casi curativa, chamánica. El dj selecciona y utiliza los medios a su alcance para destilar un collage sonoro que induce a una hipnosis colectiva, un trance místico, al igual que los chamanes aprovechan los recursos que la naturaleza dispone para emplearlos según la necesidad. Por otra parte, es un arte que requiere el uso medido y equilibrado de tres de mis pasiones: música, tecnología y psicología.

Se suele decir que el dj no puede ser considerado un artista, ya que éste no crea, sino que reproduce las emociones y sensaciones deseadas a través de la reapropiación, de lo que otros ya han creado  (en este caso, hablamos del trabajo de músicos y productores). Pero como comentaba antes, la labor del dj no suele ser la de captar la atención visual del público, como lo debe ser para el músico o cualquier "entertainer" sobre el escenario; con cientos o miles de personas mirando hacia la misma dirección, pendientes del "artista" durante un par de horas ya que éste lo es todo. En otras palabras: por ejemplo, ver a una banda tocando forma parte del feeling y atractivo del espectáculo, limitándose en la mayoría de los casos la interacción entre artista y público a la simple difusión para receptores pasivos. Y no negaremos que la puesta en escena siempre es algo a tener en cuenta (ostentosos músicos y superestrellas del rock en un macroconcierto deslumbrante, amanerados dj's-atrezzo en restaurantes cool y similares)... pero a veces tanto que, desgraciadamente, tiene más importancia lo que rodea al "arte" que el arte en sí. Y no digamos ya el llamado arte abstracto o conceptual.

El dj de club es un creador de atmósferas, ambientaciones y sensaciones envolventes que también son compartidas en comunión, pero a un nivel más personal e introspectivo, ya que, individualmente, la manera de "ver" la música es instransferible. Lo único que importa es ésta, olvidando (o simplificando al máximo) toda la parafernalia, distracción, reclamo y puesta en escena de un artista convencional sobre el escenario... aunque la pretensión de sorprender siempre esté ahí. Pero esto es un arte sutil que, aún presenciando su ejecución técnica (la cual cobraría más interés si nos refiriéramos al dj-músico: el turntablist), es eminentemente auditivo (se dice que el oído es el ojo de la mente). El cual, cuando hay una buena conexión (y aprovecho para bromear acerca de la importancia de disponer de un equipo de sonido decente y sin cableado defectuoso), se logra que un montón de seres humanos de toda clase y condición se reúnan y muevan al unísono, por su propia voluntad y sin ningún interés de por medio, gracias a la magia de la música: la verdadera y única protagonista sin más aditivos. A su vez, el artista no está por encima del público, sino que comparte, a la vez que re-descubre (desde la perspectiva de una nueva noche, un nuevo público y ambiente) nuevos sonidos, diferentes perspectivas en los ritmos y riqueza de texturas en su colección de discos. En estos casos, el intercambio de energías es recíproco: la audiencia baila (reunir a cientos o miles de personas en un evento no asegura el éxito, ya que para el dj de club, una audiencia impasible es el mayor de los fracasos, tanto a nivel personal como profesional), se reencuentra con su "yo" más primitivo y tribal y el dj se convierte en un oyente más, disfrutando tanto o más que el resto, por ser quien, a través de la música y el baile, ha construido ese puente que nos conduce a los tesoros de la alegría y demás sentimientos positivos: algo realmente preciado y a veces demasiado difícil de alcanzar en este mundo que nos ha tocado vivir.